Río Bermejo


Un sencillo homenaje a Jesús Benavides con sus propias fotografías tomadas en el Río Bermejo, allá por La Alpujarra. ¡Gracias, Jesús!

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Mei-Yin o El orden perfecto

Mei-Yin llegó a mi bar ataviada con un bonito delantal de sumiller que le confería una gracia irresistible. Se ganó mi confianza desde el primer instante y pronto supe que le compraría cualquier cosa que ella se hubiera propuesto venderme. Hablaba un castellano impecable, tanto que su acento oriental incluso lo mejoraba. Era bella y elocuente y yo me estaba poniendo cada vez más… Era muy bella.

Empezó a ofrecerme vinos jóvenes, procedentes de unas bodegas hasta entonces para mí desconocidas. Luego me llevó a profundizar en los crianzas y en algún que otro reserva… Confieso que me sedujo más su forma de describirme los matices de aromas y sabores que la propia calidad del vino. El caso es que poco a poco me fui convirtiendo en cliente asiduo de las bodegas que representaba y a ella en mi proveedora habitual o, al menos, en la cara más hermosa de mi proveeduría. Era la encargada de hacerme visitas regulares para que mi ánimo no decayera.

Claro que con frecuencia también me enviaba a un par de chinos muy diligentes con un carrito cargado de cajas de vino que ellos mismos se tomaban la libertad de distribuirme por el local, eso sí, con bastante más desenvoltura y gracia de la que yo mismo suelo poner en estas labores. Eran chinos alternativos: se alternaban en sus visitas de reparto. Como me parecían unos chicos serviciales, y ya puestos, yo aprovechaba esas visitas para pedirles que me ordenaran un poco el bar, que a mí me cuesta mucho mover cajas. Yo es que tengo una lesión de espalda… Luego  me pasaban la factura y sonreían agradecidos cuando les ponía en las manos los billetes de cincuenta euros sin olvidar una propinilla por la faena. Entonces les preguntaba por Mei-Yin y me respondían “Bien glasia”.

Cuando por fin ella se personaba en mi local para presentarme alguna novedad, solíamos charlar un rato entre cata y cata, aunque en realidad ella casi no bebía, quizás porque tenía que conducir, o quizás porque no estaba dispuesta a perder fácilmente los papeles. Esa era, por tanto, mi gran tarea pendiente: ¿lograría un hombre como yo, ya viejo y cansado, hacerle perder los papeles a Mei-Yin?

Una tarde apareció con un delantal distinto. Más bien se trataba de una falda delantal, entallada por encima de la cintura y complementada con un chaleco de color amarillo anaranjado que le realzaba los pequeños pechos. Qué morbo, madre. Había llegado más tarde que de costumbre y, a diferencia de otras veces, parecía no tener mucha prisa, como si con aquella visita finalizara su jornada. El amarillo puede ser también el color de la promesa escondida, y esta era una ocasión que no se podía dejar pasar. La invité a quedarse a cenar. Para mi sorpresa, ella aceptó.

Mei-Yin sabía comer con elegancia los chanquetes, una de nuestras especialidades. Me gustaba su forma de llevárselos a la boca con la puntita del tenedor, después de haberlos observado bizqueando un poco mientras humeaban. Luego los masticaba como solo una sumiller oriental es capaz de hacer, mirando al infinito, sin importarle en absoluto que los chanquetes no fueran auténticos. Su actitud ceremoniosa y abstraída era solo una parte de su inmenso atractivo.

Cuando terminó la cena le ofrecí un orujo de hierbas, que ella rechazó haciéndose la ofendida. A cambio me reclamó una copa de oporto de una marca que ella misma me suministraba. ¿Cómo no caí en la cuenta? ¡Qué estúpido! Le dije: “Mei-Yin, tú eres la que ha traído el sabor a mi humilde casa, has traído el sabor y la elegancia, mi deuda contigo no es una deuda económica, es una deuda de buen gusto, y eso solo se puede pagar con un beso”.

Ha pasado tiempo desde aquel día. No entiendo bien por qué, pero Mei-Yin ya no viene nunca a presentarme novedades. Siempre me envía a los chinos estos, uno de ellos es más bien bajito y con flequillo, el otro tampoco es excesivamente alto, y también lleva flequillo (en realidad, se parecen mucho). Mi único consuelo es que estos muchachos me lo dejan todo bien ordenadito. Ahora que lo pienso, es el orden perfecto.

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Como la música

Más que recordar o que atreverte a imaginar cuerpos caídos, mejor te reduces a lo que no sientes, o te abrazas al fuego como si quisieras apagarlo. Mejor te alimentas de palabras angulosas y te deprimes tres veces por hora, o te dedicas a pensar solo vocales o solo consonantes, pero sin mezclarlas. Primero te puedes dejar caer hacia atrás, ocultando la espalda que aún no me has dado, luego cierras los ojos o las manos, intentando palpar el vacío de la sustancia imaginada, y por último te escondes en un gesto que solo muestre nubes blancas. Porque los últimos secretos que te visiten con cada luna se morirán de frío o de nostalgia, con los pálpitos entumecidos y los zapatos quitados.

Si al menos en alguna parte pudieras otra vez volver a encenderte, o te cubrieras de ansias esparcidas, si en los dos instantes en que se resuelven las dudas creyeras que los regalos existen, entonces deberías entregarte al dolor de ser abrazada, y dejarte tocar como la música.

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A Hombros de Enanos & Marta Mapache

Magnífica combinación, los versos de Marta Mapache unidos a las atmósferas progresivas de A Hombros de Enanos. Una forma discreta de elevarse. Véanles:

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Cómeme

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Sáenz de Santamaría sorprende hablando de los beneficios de beber la propia orina

Soraya Sáenz de Santamaría con una jarra de su propia orina en su última comparecencia pública

La vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ha sorprendido a propios y extraños con unas declaraciones en las que ha hablado de los beneficios de la ingesta de la propia orina y ha querido convencer a los ciudadanos de que se animen a adquirir este hábito.

En comparecencia pública extraordinaria, cuando los medios pensaban que se disponía a anunciar nuevos recortes o subidas de impuestos,  la vicepresidenta se ha arrancado con unas declaraciones que han tomado por sorpresa incluso a otros miembros del propio ejecutivo.

Sáenz de Santamaría, que se ha confesado seguidora de esta terapia desde que militaba en Nuevas Generaciones, ha afirmado que la ingesta de la propia orina no solo mejora el sistema inmunitario sino que sirve para curar y prevenir algunas enfermedades. Asimismo, defendió ante la prensa que la orinoterapia —como se conoce esta práctica— no solo eleva la producción de anticuerpos naturales, sino que favorece la recuperación de las vitaminas que se eliminan con la micción. “El hábito de beber orina, especialmente en ayunas, —afirmó la vicepresidenta— aumenta la producción de insulina y a mí, sin ir más lejos, me ha ayudado a alcanzar mis metas personales”. Fuentes del principal partido de la oposición han restado importancia a las declaraciones de la vicepresidenta, calificándolas como una maniobra de distracción ante los problemas que verdaderamente afectan a los ciudadanos. Al término de su exposición, Sáenz de Santamaría ha dado un trago ante los periodistas  de un vaso de orina acopiada la noche anterior. “Lo he hecho para dar ejemplo y también para hidratarme” —ha declarado ya en los pasillos.

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Tus tejes y manejes

Con tus célebres tejes y manejes
pretendes imponer tu tiranía,
yo me declaro en franca rebeldía,
me revuelvo, te pido que te alejes,
no me trates así, no me cortejes,
no conectes mi centro de energía
que no estoy para fiestas todavía,
que me quites la mano, que me dejes.
Pero tú no te rindes, qué insistencia,
hay unas normas, hay un protocolo,
te pido un poco más de continencia,
no puedo resistir, no lo controlo…
Y vienen a anunciarme la derrota
los submarinos de tu sexta flota.

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Photochopped

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Poeta en Marina d’Or

Serafín Congoja gana el I Premio de Poesía Paraíso con su libro Poeta en Marina d’Or

Serafín Congoja posa con un ejemplar de "Poeta en Marina d'Or"

La primera edición de este nuevo certamen literario, destinado exclusivamente a poetas en paro, arranca con gran acogida entre los creadores desempleados: han sido cerca de tres mil los originales recibidos. Finalmente el autor aragonés Serafín Congoja ha seducido al jurado con una poesía en la que lo íntimo y lo turístico se funden. A lo largo de sus más de mil quinientos versos, el poeta salpica su sensibilidad lírica a través del programa de actividades del complejo hotelero, sin dejar de reconocer que el lema “ciudad de vacaciones” le ha dado mucho juego con las rimas.

El Premio Poesía Paraíso, convocado por la Asociación Independiente de Empresarios Turísticos, carece de dotación económica pero gratifica al ganador con 100 noches de hotel para dos personas en régimen de media pensión, distinción que Serafín Congoja ha recibido con entusiasmo mal disimulado. Él mismo confiesa que aún no tiene novia y piensa que este premio le va a abrir puertas en los ambientes de la costa. “Al menos ahora tengo algo que ofrecer a las nenas, además de palabras” —ha declarado.

Los versos de Poeta en Marina d’Or arrancan de una experiencia en primera persona de la que el autor no ha querido revelar detalles. Su lenguaje, que no esconde los ecos del Lorca más surrealista y melancólico, se reinventa adaptándose a los recortes sociales a la vez que procura transmitir el optimismo necesario para afrontar con garantías la recuperación económica, siempre apelando al espíritu de “la fiesta”. Según el empresario hostelero Odón Ramos, presidente del jurado, el turismo se ha convertido en el auténtico motor de nuestra economía, y en su promoción es urgente implicar a los poetas. “Un turismo sin voz propia —afirma categórico— es un turismo vacío”. Al mismo tiempo, —continúa Ramos— “este tipo de certámenes contribuye a ilusionar al colectivo de poetas desempleados que, en medio de un ambiente poco favorable (malos tiempos para la lírica), necesitan de un estímulo que les impida hundirse en el pozo de la desesperación o caer en la poesía más reivindicativa y panfletaria, que nunca conduce a nada bueno”. Con estas palabras también ha querido animar a todos los poetas en paro a que “se vayan poniendo las pilas” para la segunda edición del certamen.

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Antonio Lizana al saxo

Ha sido el descubrimiento de este fin de semana. Desde San Fernando, Antonio Lizana al saxo. Véanle:

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The Right Ons en Malandar

Estos son The Right Ons en la feliz reapertura a los conciertos de la Sala Malandar, que saludamos con alborozo. Un auténtico placer volver a disfrutar de la música en directo en las mejores condiciones. ¿Verdad que sí?

Como puede apreciarse en el documento videográfico, todo un lujo contar con esta banda para reiniciar la nueva etapa de la sala, con los decibelios bien puestos, sí señor.

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Reflejos

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Una canción adulterada

Puedo escribir los versos más felices esta noche.

Escribir por ejemplo: el bar está empetado
Y crepitan, azules, los cubitos de hielo.

El viento de la noche huele a vodka con Fanta.

Puedo escribir los versos más felices esta noche.
Sentir que ya la tengo, que la he conseguido.

Oír la noche inmensa, inmensa como está ella,
Y el verso cae al alma, y me fumo un pitillo.

Qué importa que mi amor pudiera agobiarla.
El bar está empetado y ella está aquí conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Lo que a mí me hacía falta. Un conciertito.

Como para acercarla, mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y le pego un pellizco.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles
Nosotros, como entonces, blanqueando lo mismo.

La quiero mucho, es cierto, pero tampoco tanto,
Aunque me pone malo cuando mueve el culito.

No me ha de preocupar que se lo haga con otro,
Y si se va con otro tampoco me deprimo.

La quiero mucho, es cierto, ¡ma non troppo!
Es tan fina la lana y tan gordo el ovillo.

Porque en noches como esta la tengo entre mis brazos
me lo debo tomar en plan tranquilo.

Aunque esta sea la última vez que me entran ganas
Y esta sea también la última vez que se lo digo.

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Salida de vehículos espaciales

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Las ansias de tu botonadura

No fui yo quien descubrió las ansias de tu botonadura, ni quien amenazó tus constantes vitales con la resignación de los corredores vencidos, solo te suspiré desde el otro lado imaginando la mente oscura que te aprisionaba.

No fueron mis manos las que te presintieron, ni tus piernas me hablaron del camino indirecto, siempre te he buscado en la llanura inmensa de los calendarios mientras en silencio sigo desabotonándote.

Te traigo una vez más las huellas que no has pisado, para que sigas creyendo que en el reverso de tus anhelos duermen las dichas junto a los temores. He venido a abrirte las crisálidas, a dibujarte el rostro en una servilleta y a congratularme por haberte encontrado en una copa vacía.

Nadie te lamerá más despacio que yo, nadie te apagará el brillo en la mirada, no romperé el contacto de tus labios ni dejaré caer una gota de sueño sin que abraces mi recuerdo.

Instruido en el arte de colmarte, regresaré cada segundo a tu memoria a ser solo una parte de tu aliento. Te obsequiaré con el tiempo detenido y cubriré tu deseo con un impulso íntimo capaz de recorrerte hasta el olvido.

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La cara B

Clara abrió el ala de su fosa nasal izquierda, dando a entender que no comprendía nada, o que no daba crédito. Era ese un movimiento característico de su músculo transverso de la nariz, lo tenía muy entrenado, lo ejercitaba, al menos su función expresiva la controlaba a la perfección. He conocido a muchas mujeres expresivas, pero Clara las superaba a todas.

Nuestra relación también comenzó en su día con un movimiento muscular, se podría decir que en aquella barra de bar fueron los músculos orbiculares de sus párpados los que iniciaron el ritual, ella supo colocarlos en el grado de tensión justa para que su mirada consiguiera modificar la rigidez de mi rostro, algo desencajado.

En realidad fueron los orbiculares de sus labios los que definitivamente me atraparon con la certeza oscura de los secretos compartidos, empecé a morderle con suavidad el semiorbicular inferior por su zona central y acabé aficionándome tanto a él que no tardaron en acudir los diecisiete músculos linguares, los buccinadores, los del mentón… es así como uno se acaba dando cuenta de que en la vida hay pocas cosas tan deliciosas como mover el mentón en armonía, cuando esto sucede se activan también el resto de los músculos del rostro. Y alguno más, en otras partes.

Pero el sentimiento trágico de la existencia acaba fabricando sus propias máscaras, y esa fue la causa de que con el tiempo aquella armonía se terminara diluyendo. El hastío acabó modelándome una máscara con tintes melodramáticos que se endurecía en la rigidez de mis músculos faciales. Clara seguía igual de expresiva, pero la tristeza había surcado su rostro y  terminó desarrollando más de la cuenta el músculo superciliar de tanto fruncir el ceño con desconfianza. Entonces decidí desenmascararme de una vez y hablarle con franqueza:

—Tengo que confesártelo, Clara: he conocido otros orbiculares, otros buccinadores, otros superciliares… pero lo más importante es que yo también quiero volver a ejercitar los músculos de mi rostro. Necesito encontrar de nuevo la armonía.

Fue en ese momento cuando Clara abrió el ala de su fosa nasal izquierda dando a entender que no comprendía nada o que no daba crédito.

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ERUPCIONES

Aquí todos tenemos alguna historia con las erupciones, el que más y el que menos ha sufrido los relatos de algún familiar. Aquí la mitad se creen supervivientes. Mi amiga Helen no es una excepción, aunque cuando los recuerdos acuden a visitarla se aferra al teléfono móvil y se concentra en él hasta que se le pasa. Da un poco de pudor interrumpirla, de todas formas me he visto obligado a hacerlo. Le he hablado de mi vacío interior y de mis rutinas automatizadas y ella me ha mirado como si yo fuera un enviado del destino. Sin embargo no me lo ha puesto fácil, me ha escuchado con una seriedad desconcertante. Menos mal que en la posada todos andaban pendientes de la televisión, siguiendo con aparente nerviosismo las noticias sobre las erupciones. También he sorprendido más de una mirada furtiva posada sobre nosotros. Son esa clase de miradas que te avisan de que aunque haya un volcán a punto de entrar en erupción a muy pocos kilómetros cuidadito con intentar nada con Helen.

Mount St. Helens. Erupción de 1980.
Imagen de Wikimedia Commons.

En la televisión ponían imágenes de la erupción del 80, con sus fumarolas, sus explosiones y sus flujos piroclásticos. Siempre que sacan esas imágenes, que ya nos sabemos de memoria, se hace un silencio respetuoso fácil de interpretar pero difícil de romper. Helen, que está como una cabra, ha seguido dale que te pego al iPhone, como si le fuera la vida en ello. Por su parte, Harry Jr., el posadero, se entretenía con otra pantallita, la de la caja registradora, sin atender a mis esforzados gestos reclamando dos cervezas en lenguaje de signos, ¿acaso se pensaba que había alguna victoria que celebrar? Lo único claro es que últimamente las pantallas se empeñan en robar protagonismo a mi individualidad y a la trascendencia inmediata de mis actos. Pero no soy yo de los que se rinden fácilmente.

Alguien ha comentado que aún no han dado ninguna orden de evacuación, entonces Harry Jr. ha agarrado el mando del televisor y ha cambiado de canal. Eso nos ha permitido contemplar a Judith Vargas, la reportera de una cadena local, arrimándose cuanto podía a la zona acordonada, tratando de obtener declaraciones de algún experto. Y no ha parado hasta que ha logrado acorralar a Richard Duarte, afamado vulcanólogo de origen mexicano curtido en el Popocatépelt. Últimamente lo sacan mucho, como si en el mundo no hubiera otro experto en volcanes, claro que esta vez parecía abrumado y lo hemos visto mostrar a las cámaras la típica mirada de vulcanólogo sobrepasado por las circunstancias. Los vulcanólogos en general son personas bastante tranquilas que en los días corrientes se limitan a medir parámetros, pero cuando ocurre una erupción se ponen de los nervios. Judith, en cambio, se comportaba como una reportera de raza y, consciente de que se debía a miles de espectadores según los últimos datos de audiencia, le ha insistido con la recurrencia machacona de quien sabe que en este tipo de noticias se la juega, así ha conseguido arrancarle unas mínimas declaraciones.

—La población será informada en su justo momento de las medidas que adoptemos.
—Adelántenos algo, señor Duarte, ¿cree que la erupción es inminente?
—Yo no puedo decir mucho más, el volcán hablará por sí mismo, todo lo demás son suposiciones. Y ahora, permítame, tengo que ir a medir unos parámetros —ha apostillado. Vaya mierda de expertos vulcanólogos que tenemos.

En todo este tiempo, Helen seguía con el telefonito sin prestar demasiada atención a la entrevista. Se ha levantado y parecía hablar con alguien del exterior. Siempre que Helen se levanta atrae más de una mirada. En realidad, a excepción de Harry Jr. y cuatro más el resto de los tíos estaban pendientes de Helen, hay que reconocer que es guapetona y eso le da una especie de derecho a hablar por el móvil con despreocupación en medio de una crisis eruptiva. Me daba perfecta cuenta de que esa posada estaba plagada de competidores, pero también era cierto que yo iba un paso por delante de cualquiera de ellos.

No hay nada como hacer sufrir a esos cabrones, así que he decidido dejarme de rodeos y revelar mis intenciones a Helen saltándome las barreras del decoro público. Para empezar he conseguido que guarde el móvil de marras y también me ha parecido que respondía positivamente a mis primeros estímulos con atisbos de excitación. Qué digo guapetona, Helen es una hembraca de quitarte el hipo, las cartas estaban sobre la mesa y media posada se hacía cruces por que ella me hiciera probar el amargo sabor de las calabazas (los demás, entre erupción y erupción, seguro que también deseaban en silencio que me mandase a tomar viento). Ha sido entonces cuando Harry Jr. se ha fijado en nosotros y ha tenido a bien atendernos.

—¿Y tú qué miras ahora? Anda y ponme dos cervezas.

Justo cuando daba el primer sorbo se ha levantado un murmullo de expectación, el volcán por fin arrojaba noticias a la par que un montón de lava. Más de uno se ha llevado las manos a la cabeza al contemplar la espectacularidad de las imágenes. De pronto el rostro de Emilio Duarte ha salido de nuevo, esta vez en rueda de prensa, ocupando tres cuartos de pantalla. Sin embargo nadie estaba ya para ruedas de prensa, todos queríamos lava y fumarolas, un poco de acción, qué demonios, que al vulcanólogo ya lo conocíamos y a la que te descuidabas te soltaba un rollo incomprensible sobre los movimientos sísmicos que suceden a las erupciones. Eso me ha bastado para centrarme de nuevo en Helen, he tomado sus manos y la he mirado fijamente tratando, qué sé yo, de hipnotizarla o algo así. Ella me ha correspondido con un amago de sonrisa. ¿Sería esa la cara del amor? Dicen que las situaciones de riesgo pueden activar ciertas corrientes neuronales que desencadenan la atracción sexual; a lo mejor ha sido por eso, pero al mirarla la he deseado y al mismo tiempo he sentido que ella me deseaba a mí. Hemos convenido que lo mejor era largarse cuanto antes, pero nos tenían acordonados, como quien dice.

Por eso al final me he armado de osadía y he comenzado a acariciar sus muslos formidables con vehemencia incontenida, le he recitado mis anhelos y le he adherido epítetos en sus pechos, desenvainando la gran promesa con la complicidad de la penumbra encontrada, nada nos ha importado ya sino perdernos en nuestro jardín privado. En eso andábamos cuando a Richard Duarte le han pasado un burdo folio A4 con una noticia de última hora, y la expectación general ha impuesto nuevamente un respetuoso silencio.

—Ciudadanos y ciudadanas, es mi deber comunicarles que Helen definitivamente ha entrado en erupción.

Creo que también ha dicho algo de que iban a cerrar el espacio aéreo, pero eso nos traía sin cuidado, la verdad. Nosotros ya habíamos despegado y estábamos en pleno vuelo.

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Gecko Turner: momentos afromeños

En los últimos coletazos del mes de noviembre recibimos en la Sala Malandar la visita de Gecko Turner, máximo exponente mundial del chandalismo ilustrado y el soul afromeño, un estilo preñado de mescolanzas y con el atractivo añadido de que puedes escuchar estribillos como “NOIE GOA FIN DEMÉ”, que eso debe ser yoruba o wolof como mínimo. Hay que reivindicar la figura de este extremeño universal, así que desde aquí colaboramos con un documento videográfico que recoge los momentos más impactantes de su actuación: momentos afromeños.

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Fuga de vocales

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Cuando me asignaron la presidencia del tribunal nunca pensé que iba a pasármelo tan bien con mis cuatro vocales. Qué curioso que seamos todas chicas y que hayamos congeniado de esta forma. Desde el principio quise dejarles claro que no me sentía presidenta. Yo soy una más, les dije. Soy otra vocal.

Me llamo Ana, y me considero una vocal de abertura máxima, por eso no es extraño que haga tan buenas migas con ellas. Además estoy muy centrada. De mis compañeras, en cambio, no se puede decir lo mismo.

Formamos un grupo muy diverso, cada una tiene distinto grado de abertura. María de la O, por ejemplo, también es bastante abierta, aunque no tanto como yo. Acaba de superar una separación y hace poco que está saliendo con un chico, pero no termina de dar el salto para irse a vivir con él, no está segura. Yo le digo que es un poco echada para atrás, pero ella lo niega, me dice Nooooo.

Esther, en cambio, es mucho más atrevida, aunque no tan abierta como ella cree. Le preguntas cómo está y te responde Bieeeeeeeen. Pero sabes que no. Como tiene pasta lo disimula, luce siempre ropa elegante, buenas marcas, usa perfumes caros y es adicta a la alta cosmética. Claro que tampoco se puede decir que no sea generosa. Cuando terminamos las agotadoras sesiones, hartas ya de entrevistar a los pobres aspirantes, siempre se empeña en invitarnos a todas a una cerveza, le encanta, y lo malo es que nos convence. Es entonces cuando mejor lo pasamos.

A Pili, por su parte, tan reservada, tan tímida, tan tiquismiquis que se muestra en su papel de vocal, le entra un puntito con la cerveza que le sienta de maravilla. De pronto le notas ese brillo especial en la mirada, y sabes que está achispada y que le puedes pedir cualquier cosa. Dice a todo que sííííí.

Úrsula, por último, es la más cerrada, la más retraída de todas, la más espiritual también. Es una mujer taciturna, se puede pasar largos ratos en silencio, solo poniendo morritos. Siempre viste ropa oscura, ajustada, tiene gustos un tanto lúgubres, aunque debo reconocer que ese estilo le sienta estupendamente. Al final es la que tiene más éxito con los hombres, quizá por esa fama de lujuriosa que le atribuyen. Por eso y porque tiene buen culo. El caso es que casi siempre pilla. Luego cuando le preguntas qué tal le ha ido, te responde Uuuuuuuuh…

A pesar de ser tan diferentes unas de otras estamos bien avenidas, nos entendemos. Yo personalmente mantengo una relación muy auténtica tanto con Úrsula como con Pili, con frecuencia me siento muy unida a ellas, solo me distancio un poco cuando por cualquier motivo se les acentúan los defectos. Entonces me pongo a charlar con Esther o con María de la O, en plan colegas, y me cuentan que a ellas les ocurre algo parecido con las otras dos.

Lo cierto es que, a pesar de lo mucho que nos divertimos las cinco, estamos ya bastante hartas de este cochambroso tribunal y del papel que nos ha tocado desempeñar en él. Es muy pesada esta responsabilidad de tener que decidir acerca del futuro de los aspirantes a letrados, los ves ahí sufriendo y una se acuerda de que un día también tuvo que pasar por lo mismo; es un sentimiento absolutamente paradigmático. Por eso nos gusta imaginar qué ocurriría si abandonáramos el tribunal las cinco, si nos largásemos de pronto. Es uno de nuestros temas recurrentes durante los almuerzos. Empezamos medio en broma, hasta que poco a poco nos vamos calentando, nos da por hacer planes y llegamos a un punto en que casi nos creemos nuestras propias fantasías. Claro que yo tengo el defecto de ser así de centrada, al final me encargo de devolverlas a la realidad y las arrastro como puedo a cumplir nuestra jornada de tarde. En el fondo todas sabemos que eso de escaparse no es más que una ilusión, un simple juego. Lo llamamos Fuga de vocales.

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MadrizZuena

Sonidos ralentizados, desvirtuados, apagados.
Sonidos encontrados, sobrevenidos, buscados.
Sonidos descubiertos, verificados.
MadrizZuena

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