Hablan las cámaras

Esto empieza a oler mal. Nuestro oficio está cada vez más infravalorado, y no lo digo por mí, ni por las de mi clase, que somos unas veteranas y aún conservamos cierto prestigio; lo digo sobre todo por las nuevas. A nosotras todavía nos respetan, por eso se nos puede ver cubriendo eventos deportivos, grandes espectáculos, encuentros de altos mandatarios internacionales… siempre alrededor de la noticia, a pie de calle. También están las que se especializan en publicidad, o las que firman por una productora. Yo misma he rodado con importantes directores de cine, por no mencionar a las valientes que se juegan el tipo en conflictos internacionales. No se trata de reclamar un plus de peligrosidad ni nada parecido, al contrario, es una cuestión de dignidad. Ahora todo se enturbia, la competencia se ha vuelto muy dura, encuentras a compañeras consagradas a empleos humillantes, o integradas en el aparato, sin autonomía. Me entero de historias horribles de algunas colegas que llegan con un gran bagaje científico y tecnológico a sus espaldas y acaban entrando en el sector sanitario, dedicándose a las endoscopias, por ejemplo. Al final limitan su trabajo a una tarea repetitiva y denigrante. Y eso no es lo peor. Resulta que a algunas las reducen a tal extremo que caben en un cápsula, así pueden ser ingeridas por los pacientes y luego expulsadas junto con las heces, en el mejor de los casos. Por fin somos desechables, a esta situación hemos llegado. ¿Que qué me parece? Pues una mierda, eso es lo que me parece.

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El hombre de tu vida

De pronto un día descubres que el hombre al que acabas de conocer sí que es el hombre de tu vida. No presentiste un encuentro tan súbito, pensabas que tardaría en llegar o que sucedería en otras circunstancias. Al principio te cuesta creerlo, hasta que lo tienes delante, medio bizco, clavándote la mirada… Es fácil adivinar lo que pasa por su mente, aunque en realidad eres tú la que sufre la sacudida emocional de quien acaba de conocer al hombre de su vida. Reconoces que lo habías idealizado, imaginaste un escenario diferente, en tus fantasías secretas quizá él te susurraría algo al oído, o destacaría sobre el resto de los individuos por algún atractivo especial. Sin embargo, la realidad a menudo es más prosaica, y también más imprevisible. El hombre de tu vida se ha fijado en ti, de eso no hay duda, pero no hace nada por facilitar las cosas. El traje tampoco le queda mal, observas, aunque lo hubieras preferido con otra ocupación o, al menos, cruzarte con él en un ambiente más cálido. Sin embargo, a pesar de que nada es como imaginaste, sabes que es el hombre de tu vida, esas cosas se notan. Y te tiembla el pulso mientras tratas de disimular echando un vistazo al catálogo que te pone en las manos, apenas eres capaz de concentrarte. Para salir del paso te inclinas por el modelo Cabo Verde. A él le parece una acertada elección, sin embargo, te ofrece una alternativa y pone especial interés en explicar el funcionamiento de las urnas biodegradables, te informa de que permiten convertir las cenizas del fallecido, tu marido, en una nueva vida. Le escuchas bajo los efectos de una fuerte impresión. Su voz es tan seductora…

Apetitos carnales

Esta maldita propensión biológica que nos induce a copular causa estragos en quienes somos especialmente sensibles a la belleza. A mí me ocurre por las tardes, después del almuerzo. Como una media hora después, para ser más preciso. Las circunstancias en que me veo sacudido por estos apetitos carnales cada día son distintas aunque, afortunadamente, no se trata de un impulso irresistible, de lo contrario no sé qué pasaría. Esto no quita que mis reacciones en ocasiones puedan resultar peculiares, también lo son las palabras que salen de mi boca en los limitados contactos sociales que mantengo a diario. La solución, me repito a menudo, podría ser no almorzar, y sin embargo, cuántas veces es el estómago quien se alza con la victoria en su lucha contra la voluntad. Ignorando estas señales de los instintos primarios, trato de aparentar normalidad y, quizá para expiar mis culpas o para tranquilizar la conciencia, también he decidido acortar las sobremesas. Regreso al servicio lo antes posible y, cuando al fin me quedo solo, me he aficionado a dejar fluir las ideas o a verbalizarlas, sin desviarme de la ruta, sin permitir que los locos pensamientos me aparten de mi objetivo. Esta semana me toca llevar un cargamento de pepinos de Almería. Soy transportista.

Cargamento de pepinos

Infanticida

Desde que asesino niños me encuentro mejor, más centrado. Antes mi vida era un desastre; dominado por las drogas, el alcohol y toda clase de vicios, me había desviado hacia un camino depravado y peligroso, iba cuesta abajo, sin valores, los problemas con mi familia se agudizaron, perdí a los mejores amigos, trataba de salir a flote en medio de un ambiente que me oprimía y me producía un inmenso sufrimiento. Ahora todo es distinto, asesinar niños me ha abierto un mundo nuevo lleno de posibilidades, llevo una vida relativamente normal, disfruto de los pequeños regalos de cada día, estoy recuperando a los amigos, me levanto cada mañana con una sonrisa, veo el mundo con optimismo, incluso he vuelto a hacer deporte… Lo siento por los niños.

La ciudad de Sevilla y la República de Myanmar, hermanadas.

  • El alcalde Juan Ignacio Zoido se desplazará a la capital del sudeste asiático para sellar el hermanamiento.
Agencias Naypyidaw 19 FEB 2015 – 09:11 CET
El alcalde de Sevilla, en Myanmar

El alcalde de Sevilla, en Myanmar

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, junto con una comitiva de representantes de la política, destacados empresarios y miembros del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad, se desplazará el próximo mes de marzo a Naipyido, capital de la República de Myanmar (antigua Birmania) con objeto de sellar el hermanamiento entre la ciudad andaluza y el país del sudeste asiático. La iniciativa de esta unión, en el marco de la cooperación internacional, es vista por el consistorio como una oportunidad de fomentar el contacto humano y de potenciar los enlaces culturales entre andaluces y birmanos.

Ante las acusaciones de electoralismo y de despilfarro de dinero público vertidas por algunos medios, el alcalde se ha defendido alegando que son muchos los vínculos que unen a los sevillanos con Myanmar, a pesar de la distancia geográfica, hasta el punto de afirmar que los ciudadanos de Sevilla llevan a Myanmar constantemente en la boca, en las circunstancias y situaciones más diversas, y eso es una razón más que suficiente para justificar esta unión simbólica que, al mismo tiempo, presenta como una oportunidad de potenciar los lazos comerciales asiático-hispalenses, así como para fomentar el turismo. “Nosotros también tenemos buenos arrozales”, ha añadido.
2015-02-28_0034_myanmarLa República de la Unión de Myanmar vive una convulsa situación política, las guerras civiles han sido una constante desde la consecución de la independencia en 1948. Estos conflictos han sido principalmente protagonizados por algunos grupos étnicos o religiosos, como los budistas Rakhine y los muslmanes Rohingya, enfrentados al mismo tiempo con un gobierno dominado por la organización militar del Tatmadaw. Frente a esta situación, los representantes del Ayuntamiento sevillano reivindican el hermanamiento como un impulso a la mediación internacional, y ofrecen la experiencia de la gestión de conflictos locales como la rivalidad Sevilla-Betis o la existente entre las hermandades de la Macarena y la Esperanza de Triana.

No insistas

—Déjalo, no insistas.

—¿Pero por qué?

—Porque no, ya está bien. ¿Cómo voy a establecer contigo ningún vínculo emocional? Dices que tu amor, como todos los amores, es un estado transitorio, o a lo mejor fugaz, que te cansarás de mí, que siempre ocurre, que es un proceso natural.

—Pero eso es cierto, siempre ocurre.

—Pues si empezamos así, no tengo ningún interés en enrollarme contigo, ¿entiendes? ¡No me pierdo nada!

—Te perderías una gran p…

—¿Una gran p…?

—Una gran persona.

Lingüística computacional

El lingüista computacional había acudido al congreso internacional en calidad de experto en procesamiento de lenguajes naturales. Disponía de la tarde libre, así que en la propia cafetería del hotel se sintió tentado de sacar su disciplina fuera de las máquinas, igual que otros salen del armario. Animado por la atmósfera profesional que se respiraba en el ambiente, buscó la ocasión de poner en práctica sus investigaciones y aplicarlas al contexto que tenía más a mano: el suyo propio. Si era capaz de resolver ambigüedades sintácticas creando algoritmos que interpretaban el valor semántico de los actos de habla, tampoco iba a resultarle muy complicado establecer contacto con las dos bellas colegas japonesas que tenía como vecinas de mesa y que no paraban de emitir agudas interjecciones entre risitas. Su desconocimiento del japonés hablado suponía un obstáculo minúsculo para un ingeniero del lenguaje conectado a la wifi del hotel. Era pan comido. Siempre había albergado la fantasía de montarse un trío con dos chicas orientales y al fin veía la ocasión de activar el protocolo semiótico que se había construido en la imaginación a lo largo de tantas noches en vela, perdido entre unidades sintácticas y endiablados códigos. Había llegado el momento y se armó de valor; exhibiendo un correcto control del lenguaje corporal, se aproximó a ellas con gesto decidido que concluyó en una inclinación casi espontánea. Cuando llegó al momento de hablar, echó mano de la aplicación que él mismo había diseñado y solo tuvo que darle al play. Las chicas reaccionaron con asombro ante el ingenio lingüístico que las abordaba. Al instante saltaron de sus asientos y accedieron gustosas a acompañarle, sin apenas contener la excitación mientras se perdían en el laberinto de pasillos que conducía a las habitaciones.

Tras un par de horas de retozo apasionado, cuando el gramático digital ya había convertido en realidad sus fantasías, ellas terminaron exigiéndole, con gestos muy claros, el cobro del servicio. Finalmente, comprendió que se había producido un equívoco: aquellas chicas, a las que había tomado por colegas japonesas, no eran expertas en lingüística computacional.

Entonces ¿quiénes eran?