Desplome

Menuda decepción. Todos los noticiarios habían avisado de que las temperaturas caerían en picado. Un desplome de casi treinta grados, aseguraban. La masa de aire frío procedente del ártico penetraría por el noreste y en solo unas horas pasaríamos del calor veraniego a un frío glacial. No había registros por estas latitudes de un descenso térmico tan pronunciado en tan breve lapso de tiempo. Lleno de expectativas, decidí acomodarme en la terraza a contemplar el espectáculo, sería interesante asistir al inédito fenómeno meteorológico, quizá no tendría en la vida ocasión de presenciar de nuevo un evento semejante. Desde mi balcón dispongo de unas vistas privilegiadas del bulevar, ideal para no perderme un detalle del acontecimiento. Incluso eché mano de la cámara fotográfica, por si se terciaba sacar alguna instantánea, y me pertreché en mi puesto de observación listo para pasar la tarde. Sin embargo, al cabo de varias horas de vigilancia, una sensación de tedio empezó a invadirme, todo era más o menos como siempre. Cuando empezaba a oscurecer decidí que ya había tenido suficiente, recogí los bártulos y, desilusionado, me metí de nuevo en casa. Menuda decepción, pensé, qué manera de perder la tarde. No había sucedido nada extraordinario y, por si fuera poco, me estaba congelando de frío.

FIGURACIONES

Empezó como un inocente símil, buscando siempre puntos de comparación conmigo. Con el tiempo, llegó a encontrar tantas semejanzas que terminó identificándose, se convirtió en una metáfora, y lo hacía de forma tan exagerada que resultaba hiperbólica. A menudo usé rodeos, perífrasis o ironías para insinuarle que lo nuestro no llegaría a ninguna parte. Haciendo un paralelismo, le expliqué que no podíamos tener la relación de continuidad de una metonimia, sin embargo ella tomaba la parte por el todo como en una sinécdoque, no percibía la antítesis que había entre nosotros y llegó a un oxímoron de sentimientos paradójicos al declararme su amor y su odio al mismo tiempo. Acabé convirtiéndome en la personificación de su deseo y ella, erre que erre, proseguía con sus aliteraciones, me gritaba “amor mío” o me invocaba con apóstrofes vehementes. A base de repetir anáforas y usando manidos epítetos llegó a plantearme invenciones alegóricas que alteraban el orden de mi vida en un complicado hipérbaton que ya de por sí resultaba bastante simbólico. Se mostraba inasequible al desaliento, mezclaba los sentimientos en una rebuscada sinestesia, me insistía y me insistía abusando del polisíndeton y llegué a descubrir con mis propios ojos el pleonasmo cuando lo que de verdad necesitaba era una elipsis. 

Por terminar esta prosopografía, al final me dejé de retóricas y logré quitármela de encima con un recurso de ficción sencillo: le conté que lo que de verdad me gustaba eran los hombres. Como en una onomatopeya, su interés por mí hizo “pluf” y desapareció de mi vida para siempre.

Tristeza, dolor y miedo

Es muy triste quedarse el último, comprobar cómo te va invadiendo este sentimiento de pérdida. ¿Puede alguien entender el dolor de que te roben a tu familia de este modo? Estábamos tan unidos… Me vienen a la mente cientos de recuerdos de cuando vivíamos juntos y felices, allá en la isla, entre palmeras. Hasta que llegó ese fatídico día en que nos arrancaron de nuestro hogar y nos trajeron a este mundo extraño donde todo son sinsabores. Primero fue el viaje, en aquellos habitáculos oscuros, sin saber a dónde nos transportaban. Luego la plaza, en la que nos exhibían para comerciar sin escrúpulos con nuestros cuerpos. Al menos allí todavía podíamos estar juntos. Ahora ha empezado el verdadero drama, en este lugar sombrío al que hemos ido a parar, donde parece que disfrutan con nuestro suplicio. He temblado de miedo cada vez que se llevaban uno de los nuestros. He visto cómo los desnudaban, desaparecían y ya nunca los volvíamos a ver. Ahora me he quedado solo. A mi último hermano, a quien más unido me sentía, se lo llevaron ayer. Hubiera dado cualquier cosa por que me me eligieran a mí en su lugar.  En esta espera, mi piel se vuelve cada vez más ajada y oscura de tanto sufrimiento, ya solo anhelo que llegue cuanto antes la hora de mi destino final. Todo el mundo sabe cuál es el destino natural de un plátano.

Tramos horarios

En algunos tramos horarios
cuando tu espalda se curva
y tu aleteo se quiebra
en esas pausas
que te han recomendado para no fosilizarte
exiges el instante
que casi nadie vive
en un entramado horario
donde nacen las tramas
en la botonadura del elevador que te reinicia
que te engulle de forma intermitente
y te refleja como algo pasajero
en un tramo previo 
de esos en los que apenas pasa nada
y no aparece 
nadie
a molestarte
en una llamada perdida que nunca recuperas
en uno de esos hilos que cada minuto
te hacen perder el hilo
encuentras el descanso triste de los renacidos
en uno de esos lapsos
entre el entrecerrar y el entrometer
cuando escapas a la presión simbólica
cuando discrepas
en una de esas imágenes animadas
o a la inversa
persiguiendo olores
como cualquier canalla que imprime la pantalla
vuelves a ser lo mismo
a descender del cargo
de la carga
en uno de esos tramos de tu registro horario
descuidando el cómputo de los segundos
en declarado abandono
de tus funciones
sin vislumbrar apenas
todo el entramado
en uno de esos tramos 
en que el tiempo se queda
entre las azucenas olvidado
ha llegado la hora del retorno
y de mover las manos
ha llegado el minuto de mirar 
el reflejo del sol en las palmeras
a lo lejos

El uso de las, comas

Últimamente me, están comentando, mucho, que tengo que, mejorar en el uso de las, comas. Con los, puntos por ejemplo dicen, que no tengo, problemas, que mi problema, gordo son, las comas. Y, debe de ser verdad porque, son muchos los, que me lo, dicen. Yo en, cambio no veo el problema más, bien pienso que, es una, manía tonta que, le ha entrado a, la gente.