Miedo a perderte

¿Por qué este miedo a perderte? Tampoco vales tanto. Quizá llevemos juntos demasiados años. A veces me da por recordar aquellos primeros tiempos, cuando para conseguir algo de ti había que meterte el dedito y girarlo en círculos con delicada precisión. Luego vinieron los cambios, te transformaste. Hoy se supone que eres inteligente, te has vuelto muy sensible al tacto, te encanta que te toque y, sin embargo, hablo contigo mucho menos que antes. ¿Recuerdas cuando lo hacíamos a escondidas durante horas en cualquier rincón de la casa? Entonces parecía mágico, por primera vez te habías liberado de tus cables. Pero todo cambió cuando empezaste a salir fuera, ese fue el origen de este miedo a perderte que ahora me atenaza.

No debería preocuparme tanto, es cierto. ¡Solo eres un puto teléfono!

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