Sesamum indicum

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MullookkaaranTrabajo propio
CC BY-SA 3.0

Hierbas de metro y medio,
hojas alternadas en la base,
ovadas o linear lanceoladas,
dentadas o enteras,
ápice agudo, base redondeada
angostamente cuneada,
pecíolos acanalados,
flores solitarias en las axilas,
sépalos connados, lineares,
ebracteolados y algo carnosos,
corola oblicuamente campanulada,
blanca, negra, zambo rosada o rosa viejo,
estigmas de néctar color amarillo pálido o ausentes,
lóbulos no manchados,
cuatro estambres estaminodios ausentes,
fruto como una cápsula cuadrada,
café amarillenta, dehiscente,
no pectinada,
con dos rostros terminales
de cinco milímetros de largo,
semillas numerosas, obovadas,
negras, cafés o blancas,
testa brillante,
mi lengua llama a tu fruto encapsulado
y repite: ¡ábrete, sésamo!


Inspirado en el artículo de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Sesamum_indicum
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En forma de simulación

Te lo digo cerrando la revista
cansado de este modo de vivir
te amé con la camisa torcida
con los ojos desnudos
te amé por descontado
boquiabierto
como se ama a los regalos
en los clubes
en los años bisiestos
después del temporal
en los mercados
te amé pegado a la pared
compré tus labios rotos
el vestido y la silla
te amé fingiendo como te amé cuando
me arrepentí de amarte
te arranqué el silencio con la mirada
te amé con el estómago vacío
con los recuerdos que nos tatuábamos para pasar el rato
aplastados en el amor que se dejaba caer
se derramaba
con la palma en la flor también te quise
con el ombligo
con la poca vergüenza de quererte sin merecerte
te amé sentado
me olvidé de decirte que te amaba
cuando te vi morir en mis manos con la gravidez de un gemido
en la calle cortada
en la cabina
te amé como un obseso convertido
en un simple afluente de tu cuerpo
entrando en ti
perdido como el gato
casi sin pretenderlo levanto acta
levanto apenas la nariz en tu ausencia
como si despertara de un almuerzo
al fin te miro
en el plano inclinado de un recuerdo
pintada en un lamento
te regalo mi amor
en diferido

Me alegro de arrepentirme

Me alegro de arrepentirme de haberte encontrado, de que tus ojos hayan cerrado el camino de vuelta, me arrepiento con alegría de que hayas reducido mi ímpetu a no saber cuánta fuerza me queda para subir a tu cielo cubierto, percibo con arrepentimiento qué feliz descanso a tu lado, qué sucia está tu cama de tanto recorrerla, cuánta emoción se esconde en tu calor interno. Y me dejo de arrepentir cuando te invento como un regalo imposible, inmerecido.

Me alegro de arrepentirme de haberte descubierto, de que tus labios hayan desviado mi rumbo, me arrepiento con alegría de tu movimiento, de las ramas sin podar y del aliento que respiro tan cerca cuando regreso a ti, cuando a cada rato con dulce violencia me recubres, cuando somos capaces de ascender y descender al mismo tiempo.

Me alegro de arrepentirme de haberte conocido turbia y sedienta, con las manos tan abiertas, desnuda de luz y repoblada.

Me arrepiento de alegrarme cada vez que te dejo, cada vez que me falla el sistema de frenado, y repito la historia que inventamos juntos, que nadie nos contó y que quizá sea cierta.

La visita

Y sin embargo no estás aquí. Por mucho que pretenda describirte lo que siento, tú no puedes sentirlo como yo. Por más que insista en explicarme, al final te desconcentras y te pones a pensar en tus cosas, cuando no pierdes directamente el hilo de mi discurso. Es posible que algo captes, desde luego, pero en el fondo te importa un rábano y, en cierta forma, estás deseando terminar para pasar a otro asunto. Porque es muy sencillo: lo que tenga que decirte no te interesa. Porque yo soy yo y tú eres tú. A pesar de todo, mantengo la esperanza de picar tu curiosidad o de incitarte a seguir leyendo. Tampoco me inquieta tanto que me malinterpretes, es innecesario que hagas ahora como que te concentras y que te dejas arrastrar por mis palabras, o que disimules moviendo los ojos de izquierda a derecha. No lo estás pillando, te quedas en la superficie, no comprendes lo que intento expresar, todo lo ves desde una perspectiva distinta que falsea la realidad que trato de transmitir. No vas más allá, aunque creas que me escuchas mi voz no te toca, te faltan datos sobre mí, sobre las circunstancias que me llevan a emitir este mensaje. Ni te imaginas cuáles son esas circunstancias. Eres incapaz de ponerte en mi lugar y, sin embargo, ahí sigues, confundiendo mis intenciones, dejándote enredar por una lectura que en el fondo te resulta indiferente, interpretando algo distinto a lo que quiero decir. Puede parecerte un mensaje vacío o poco informativo, un mensaje sin mensaje, sin sustancia misma, una comunicación frustrada. Nada más lejos. Desde el momento en que llegas a esta publicación da igual que leas hasta el final o que te quedes en las primeras líneas. No importa que hayas comprendido mucho o poco. En las estadísticas ya has sumado una nueva visita.

El lugar correcto

Lo colocas en el lugar correcto
allí donde debe estar
nunca ha sido tan fácil
tirarte a la piscina
sin ser advertida
está en el lugar correcto
lo haces con sencillez
y naturalidad
nadie más que tú conoce
el lugar correcto
las sensaciones se desvanecen
y vives una experiencia perfecta y limpia

Está en el lugar correcto
y tú no notas nada

Pero si lo colocas en el lugar incorrecto
allí donde no debe estar
todo será difícil
empapada en sudor
a la vista de todos
con dificultad
y artificiosidad
será dominio público
el lugar incorrecto
donde el dolor se vuelve
una experiencia vulgar y sucia

En el lugar incorrecto
tú lo notas todo

Cascada

En el aire inflamado, en el conjuro de los sabores invocados, en este paraíso escondido donde las piedras no tienen nombre, existes adherida a mi caricia, te siento líquida y perdida, te disuelvo, persigo tu mirada sin hablarte, te reconozco erizada y eléctrica, atrapado en tus piernas, cuando te relames, y eres la misma fuente a la que nunca llego, el mismo río que pasa y no regresa, el grito de nuestros cuerpos empujados por una sola fuerza.

Por eso a veces, como ahora, me siento arrastrado, me asomo al precipicio, y deseo arrojarme a la cascada. Lo hago sin pensarlo. Al fin me la casco, ¿me oyes? ¡ME LA CASCO! Y tú tienes la culpa.

Los frutos de tu demora

Recogiendo los frutos de tu demora y proyectado en el abismo, me limito a dejar constancia de mis desencuentros con tu divino semblante, petarda abyecta, sombra de mis dudas y de mis reconversiones.

Llegaste como un plomo que se incrusta en la epidermis, te atreviste a cortejar a mis sentidos y soplaste tan fuerte que todo se revolvía a tu paso. Eras la fantasía de los superhéroes, destapada en los arrumacos, y festejada en los bodegones. Así te fui empezando a tratar sin fórmulas, iniciada en la yema de mis dedos, duplicada en cada mano, y te quité la vida al mismo tiempo, pero sin matarte del todo.

Entonces planeé la estrategia con ayuda de mis miedos, entreviéndote a lo lejos como eclipsada y sedienta, y me refugié en mis propias aspiraciones convertidas por tus artes en el sentido único de mi marcha.

Te fui palpando, inclemente, en tus adorados escondrijos, lamida por los ensueños que nunca terminaban, te fui queriendo en la desolación terrible de quien se deshace a gritos, y te dejé bañada en un olvido calculado. Sola.

A veces no sé medir la mirada. A veces soy un mal bicho que escribe palabras automáticamente para distraerse.