La recepción

Le sorprendió que no hubiera nadie en recepción. A esa hora tan avanzada de la noche, la cafetería también había cerrado. Miró en todas direcciones y dudó unos segundos antes de avanzar por el pasillo. Hasta cierto punto era normal no cruzarse con nadie aunque, al mismo tiempo, le pareció extraño. Tal vez iba algo mareado, notaba cierta confusión y experimentó algunas dificultades para orientarse en la dirección correcta. A pesar de todo, fue tanteando la pared a lo largo del pasillo hasta que, por fortuna, encontró su habitación. Allí fue donde ella, con una sencilla pregunta, le sacó de dudas: ¿Pero tú qué te has creído, que esto es un hotel?

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