Hablan las cámaras

Esto empieza a oler mal. Nuestro oficio está cada vez más infravalorado, y no lo digo por mí, ni por las de mi clase, que somos unas veteranas y aún conservamos cierto prestigio; lo digo sobre todo por las nuevas. A nosotras todavía nos respetan, por eso se nos puede ver cubriendo eventos deportivos, grandes espectáculos, encuentros de altos mandatarios internacionales… siempre alrededor de la noticia, a pie de calle. También están las que se especializan en publicidad, o las que firman por una productora. Yo misma he rodado con importantes directores de cine, por no mencionar a las valientes que se juegan el tipo en conflictos internacionales. No se trata de reclamar un plus de peligrosidad ni nada parecido, al contrario, es una cuestión de dignidad. Ahora todo se enturbia, la competencia se ha vuelto muy dura, encuentras a compañeras consagradas a empleos humillantes, o integradas en el aparato, sin autonomía. Me entero de historias horribles de algunas colegas que llegan con un gran bagaje científico y tecnológico a sus espaldas y acaban entrando en el sector sanitario, dedicándose a las endoscopias, por ejemplo. Al final limitan su trabajo a una tarea repetitiva y denigrante. Y eso no es lo peor. Resulta que a algunas las reducen a tal extremo que caben en un cápsula, así pueden ser ingeridas por los pacientes y luego expulsadas junto con las heces, en el mejor de los casos. Por fin somos desechables, a esta situación hemos llegado. ¿Que qué me parece? Pues una mierda, eso es lo que me parece.

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