Apetitos carnales

Esta maldita propensión biológica que nos induce a copular causa estragos en quienes somos especialmente sensibles a la belleza. A mí me ocurre por las tardes, después del almuerzo. Como una media hora después, para ser más preciso. Las circunstancias en que me veo sacudido por estos apetitos carnales cada día son distintas aunque, afortunadamente, no se trata de un impulso irresistible, de lo contrario no sé qué pasaría. Esto no quita que mis reacciones en ocasiones puedan resultar peculiares, también lo son las palabras que salen de mi boca en los limitados contactos sociales que mantengo a diario. La solución, me repito a menudo, podría ser no almorzar, y sin embargo, cuántas veces es el estómago quien se alza con la victoria en su lucha contra la voluntad. Ignorando estas señales de los instintos primarios, trato de aparentar normalidad y, quizá para expiar mis culpas o para tranquilizar la conciencia, también he decidido acortar las sobremesas. Regreso al servicio lo antes posible y, cuando al fin me quedo solo, me he aficionado a dejar fluir las ideas o a verbalizarlas, sin desviarme de la ruta, sin permitir que los locos pensamientos me aparten de mi objetivo. Esta semana me toca llevar un cargamento de pepinos de Almería. Soy transportista.

Cargamento de pepinos

Anuncios

Infanticida

Desde que asesino niños me encuentro mejor, más centrado. Antes mi vida era un desastre; dominado por las drogas, el alcohol y toda clase de vicios, me había desviado hacia un camino depravado y peligroso, iba cuesta abajo, sin valores, los problemas con mi familia se agudizaron, perdí a los mejores amigos, trataba de salir a flote en medio de un ambiente que me oprimía y me producía un inmenso sufrimiento. Ahora todo es distinto, asesinar niños me ha abierto un mundo nuevo lleno de posibilidades, llevo una vida relativamente normal, disfruto de los pequeños regalos de cada día, estoy recuperando a los amigos, me levanto cada mañana con una sonrisa, veo el mundo con optimismo, incluso he vuelto a hacer deporte… Lo siento por los niños.