Lingüística computacional

El lingüista computacional había acudido al congreso internacional en su calidad de experto en procesamiento de lenguajes naturales. Disponía de la tarde libre, así que en la propia cafetería del hotel se sintió tentado de sacar su disciplina fuera de las máquinas, igual que otros salen del armario. Animado por la atmósfera profesional que se respiraba en el ambiente, buscó la ocasión de poner en práctica sus investigaciones y aplicarlas al contexto que tenía más a mano: el suyo propio. Si era capaz de resolver ambigüedades sintácticas creando algoritmos que interpretaban el valor semántico de los actos de habla, tampoco iba a resultarle muy complicado establecer contacto con las dos bellas colegas japonesas que tenía como vecinas de mesa y que no paraban de emitir agudas interjecciones entre risitas. Su desconocimiento del japonés hablado suponía un obstáculo minúsculo para un ingeniero del lenguaje conectado a la wifi del hotel. Era pan comido. Siempre había albergado la fantasía de montarse un trío con dos chicas orientales y al fin veía la ocasión de activar el protocolo semiótico que se había construido en la imaginación a lo largo de tantas noches en vela, perdido entre unidades sintácticas y endiablados códigos. Había llegado el momento y se armó de valor; exhibiendo un correcto control del lenguaje corporal, se aproximó a ellas con gesto decidido que concluyó en una inclinación casi espontánea. Cuando llegó al momento de hablar, echó mano de la aplicación que él mismo había diseñado y solo tuvo que darle al play. Las chicas reaccionaron con asombro ante el ingenio lingüístico que las abordaba. Al instante saltaron de sus asientos y accedieron gustosas a acompañarle, sin apenas contener la excitación mientras se perdían en el laberinto de pasillos que conducía a las habitaciones.

Tras un par de horas de retozo apasionado, cuando el gramático digital ya había convertido en realidad sus fantasías, ellas terminaron exigiéndole, con gestos muy claros, el cobro del servicio. Finalmente, comprendió que se había producido un equívoco: aquellas chicas, a las que había tomado por colegas japonesas, no eran expertas en lingüística computacional.

Entonces ¿quiénes eran?

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