Apnea

A menudo me vencía una tímida somnolencia al volante, más de una vez me sorprendí entregado a esporádicas cabezadas que no duraban más de un segundo. Parecerá una imprudencia pero, lejos de inquietarme, me propuse mejorar con la práctica la capacidad de conducir en este estado. Al principio me quedaba traspuesto en rectas con poca densidad de tráfico. Poco a poco fui prolongando los intervalos, aprendí a tomar las curvas medio adormilado, así hasta que llegué a recorrer distancias considerables en fase de sueño profundo, como si una especie de piloto automático me llevara. No me da miedo conducir dormido, incluso me produce cierto orgullo haber alcanzado este nivel de perfección técnica. Ahora lo que de verdad deseo es despertar y que se acabe de una vez este viaje.

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