Dobles negaciones

Las personas muy dadas a las dobles negaciones son tan irresistibles como desconcertantes. Nina es una de ellas. Ya cuando la conocí decía cosas como “no soy incapaz de negarme” y eso significaba que estaba dispuesta a todo, o también “no voy a decir que no” en lugar de decir que sí, como si nunca se atreviera a afirmar nada con rotundidad. Lo malo de las dobles negaciones es que son contagiosas, se pegan muchísimo. ¿Que no? Un caso nada insólito ha sido nuestra relación. Comenzamos a salir como quien no quiere la cosa y casi sin darnos cuenta un día ya no podíamos negar que estábamos juntos. Tampoco quisimos rechazar esa atracción, todo lo contrario, era impensable concebir separarnos el uno del otro, no solo nos unía un deseo irreprimible, sino que un día ella me confesó que su vida sin mí no tenía sentido. Yo no supe qué responderle, me quedé anonadado, mientras intuía que no sería fácil dejar de amarla. Sin embargo con el tiempo, y como no podía ser de otra forma, sin que sucediera nada especial que nos desestabilizara, desapareció el deseo de los primeros tiempos, el cariño se fue desvaneciendo y su mirada se llenó de indiferencia y desprecio. Poco a poco yo también empecé a ningunearla, así hasta que no pudimos más. Un día me lo soltó a la cara: “Ya no me quieres, ¿a que no?” Sin pensarlo mucho, le respondí: “No Nina”. Y ahí seguimos, más ilusionados que nunca.

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