Todo lo que usted siempre quiso saber sobre los prólogos, que ya son ganas

Sin más preámbulos:

1. Una característica fundamental de los prólogos es que siempre se escriben una vez terminada la obra, nunca antes. Para empezar, ya son contradictorios.

2. Una misma obra puede tener más de un prólogo. Otras, en cambio, no tienen ninguno. Nadie dijo que el reparto de prólogos fuera justo.

3. Las obras de más éxito son las que suelen acumular un mayor número de prólogos, y esto es así porque cada edición suele llevar su propio prólogo. A más ediciones, más prólogos. Es muy sencillo de entender.

4. El autor del prólogo y el autor de la obra no tienen por qué ser la misma persona. Mola mucho que te hagan un prólogo.

5. No hay que confundir el prólogo con el prefacio ni con la introducción. Todos ellos forman parte de los preliminares, pero conviene distinguirlos. Una buena introducción requiere poner interés en los preliminares, es el camino de las obras maestras. El prefacio, en cambio, no se sabe muy bien lo que es, aunque a los varones, en algunas culturas, por si acaso, los circuncidan.

6. También hay que diferenciar el prólogo y los prolegómenos. A grandes rasgos, los prolegómenos vienen a ser como prólogos con vida propia. Claro que tampoco es bueno quedarse solo en los prolegómenos. Corta mucho el rollo.

7. Los prolegómenos siempre van en plural, son un poco excesivos. Puestos a elegir entre prólogos y prolegómenos, prefiero la sencillez de los prólogos.

8. La palabra “prólogo” viene del griego pero no hay que confundirlo con él. En cualquier caso, da igual, este es el típico punto 8 de los decálogos al que no hay que prestar demasiada atención, luego no se recuerda.

9. La dedicatoria es otro preliminar diferente del prólogo. Se distingue muy bien porque siempre empieza por “a”. Por ejemplo: a mis compañeras del taller de retórica aplicada. Si nunca te han hecho un prólogo ni una dedicatoria, eso que te pierdes.

10. El epílogo viene a ser lo contrario del prólogo, al menos en el campo de la retórica. En cierto tipo de obras puede usarse para exponer conclusiones o para atar cabos sueltos, pero ¿es eso lo que verdaderamente queremos, atar cabos? Ya lo he dicho antes, yo me quedo con los prólogos.

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9 pensamientos en “Todo lo que usted siempre quiso saber sobre los prólogos, que ya son ganas

  1. Me acordé mucho de aquella entrada dedicada a los decálogos 😀 una genialidad.

    Es mi mente enferma seguro, pero a medida que leía mi imaginación tiraba más para el folleteo que para la literatura.

    • Pues sí, Dess, yo creo que debe ser tu mente enfermiza, porque yo en todo momento hablo de cuestiones literarias, sin ninguna otra intención.
      Por cierto, una curiosidad, aquella entrada de los decálogos a la que te refieres es la más visitada de este blog, no sé por qué, sospecho que más de uno se la ha tragado como algo serio, habrá profesores que manden a sus alumnos hacer decálogos, vete a saber con qué intenciones, y el caso es que algo así debe de ser lo que atrae a los visitantes.

  2. estoy liao con una novela por la que esta entrada viene a cuento… Ágata ojo de gato, de JM Caballero Bonald, un apasionante enredo espacio-temporal de complicadísimo seguimiento y comprensión, en la que el maestro jerezano expone un prólogo-epílogo, dejando al lector la posibilidad de leerlo antes o después de… no me cabe duda que todos harían lo que un servidor… dejarlo para el final… me sospecho (ahora que estoy terminando la novela), que tras la lectura de la introducción (en modo epílogo), no me quedará mas remedio que empezar de nuevo, con la incertidumbre de completar el bucle sin necesidad de darle nuevas vueltas al tema hasta que el jugo resultante de tanto exprimir el limón me deje satisfecho

    salud!

    • Ahora que lo pienso, yo también suelo dejar la lectura de los prólogos para el final, no sé quién se le ocurrió poner los prólogos al principio.
      Que aproveche esa lectura. Salud!!

  3. “El autor del prólogo y el autor de la obra no tienen por qué ser la misma persona. Mola mucho que te hagan un prólogo.”

    Esto me recordaba a la serie “Roma”, cuando el esclavo o la esclava calentaban al amo para que se trajinara a la mujer 🙂

    Es que es lo que tiene pensar siempre en lo mismo.

  4. Casualidades. Último número del Monográfico (el Fanzine). Entrevista a Leopoldo María Panero. Le pregunta el entrevistador: “¿Qué está escribiendo ahora?” Y responde: “Prólogos”.

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