Electro

Me sonaba mucho su cara, aunque no le dije nada, para no incomodarla. Descúbrase, me pidió. ¿Solo la camiseta? (Yo estaba dispuesto a quitarme todo). Los zapatos también. Es mi primera vez, le dije. Ella no pareció reaccionar a esta confesión espontánea, seguía a lo suyo. Me pidió que me desprendiera de todos los objetos metálicos que llevara encima. La situación me divertía. Tuve una ocurrencia pero me la guardé, para no incomodarla, no parecía muy habladora, desde luego (y olía a alcohol) (¡de noventa grados!). Échese en la camilla, por favor. Después usó unas grandes pinzas de colores para atraparme los tobillos y las muñecas, y empezó a conectar cables y electrodos.  ¿Pretendía soltarme descargas eléctricas? Fue colocando, de un modo que me pareció algo aleatorio, una serie de ventosas bajo mi pecho. Me entregué a la sensación de esos pellizquitos succionadores, aquello empezaba a parecer un juego perverso. Nuevas ocurrencias me venían a la mente, sin embargo no me atrevía a decir nada, primero para no incomodarla y luego porque me pidió que no hablara. Ahora no hable, dijo. Mi inquietud iba en aumento, lo cierto es que su cara me seguía resultando familiar, y aun así no quise pronunciar palabra, a ver si iba a fastidiar el proceso y la iba a obligar a empezar de nuevo desde el principio. Situada a mi izquierda, se dedicaba a manipular un aparato que emitía un zumbido. A los pocos segundos sonó también un pitido y fue desconectando muy decidida uno por uno todos los cables, como si de pronto se hubiera enfadado o hubiera recordado que tenía el coche mal aparcado. ¿Ya, tan rápido? Pregunté. Todo había salido bien, se limitó a darme indicaciones para que me incorporara y me vistiera. En cierta forma, me sentía decepcionado, hubiera preferido un poco de daño. Antes de despedirnos, mientras me entregaba un sobre, se me quedó mirando muy seria y dijo: Yo a ti te conozco, ¿verdad? Entonces lo recordé todo. Fue hace muchos años: era aquella niña que me robó el corazón. Al menos esta vez me devolvía los resultados.

Imagen no original retocada una y otra vez hasta hacerla irreconocible a sus legítimos autores

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