Me gusta todo

Un poco de todo, dijo ella, me gusta un poco de todo. Así empezaba la historia, sin más preámbulos, sin localización espacio-temporal. Me gusta todo, repitió el personaje. ¿A qué se refería? ¿Quiénes eran? Ya empezaban a joderle estos relatos que comenzaban sin apenas indicaciones, in medias res… putos narradores. ¿Todo todo? Insistía él. Todo, le susurraba ella al oído. Optó por dejar de leer, cerró los ojos, prefería imaginar la continuación, aunque solo hubiera llegado a terminar dos o tres líneas. Qué sueño, qué pereza. A ella le gustaba todo y él parecía llenarse de expectativas, probablemente porque tuviera malas experiencias con parejas de gustos más selectos. Pensándolo bien, era estupendo que le gustara todo. Puede que se acabasen de sentar en un restaurante y contemplaran la posibilidad de compartir una mariscada. Quizá estuvieran en una habitación de hotel y ella se mostraba dispuesta a cualquier tipo de práctica sexual. Las imágenes oníricas comenzaron a apoderarse de su mente, así hasta que una estridente sintonía televisiva le sacó de su ensoñación: ¿quieres dejar en paz el puto mando? Gritó molesto a su novia. Por fin, se incorporó y decidió retomar la lectura. Me gusta todo, dijo ella.

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