Regüeldos o Los estados de la materia

Erutar, Sancho, quiere decir ‘regoldar’, y este es uno de los más torpes vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo; y, así, la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los regüeldos, erutaciones, y cuando algunos no entienden estos términos, importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso.
Miguel de Cervantes. El Quijote. Segunda Parte..

Por qué eructó Micaela cuando le declaré mi amor. Aún sigo dando vueltas a esta pregunta, no en vano hoy considero aquella flatulencia como el detonante de una nueva etapa en mis relaciones personales. La autenticidad de mi pasión quedaba fuera de toda duda, solo eso explicaba que nuestros encuentros furtivos se saldaran con cópulas desenfrenadas y salpicadas de tequieros que, al parecer, nos generaban gases. ¿O era que llevaban un tiempo acumulándose hasta que al fin nos encontrábamos y los expulsábamos de golpe? Siempre me he inclinado por la segunda opción, y así se lo expliqué al especialista de aparato digestivo, que me contemplaba con una sonrisa incrédula. Finalmente llegué a la conclusión de que lo único que en verdad me liberaba eran los encuentros físicos con Micaela. A ella le ocurría lo mismo, incluso en mayor grado que a mí, no escatimaba ventosidades ni cuando le practicaba sexo oral. Nos pasa lo mismo, le dije un día, es el sufrimiento por cada separación lo que nos provoca esta acumulación de gases. Es verdad, respondió. También ella se había dado cuenta del fenómeno. Eso nos condujo a aumentar la frecuencia de nuestros encuentros, lo hacíamos por higiene y por salud, con calculada devoción. La sinceridad de mi amor estaba fuera de toda duda y lo de Micaela se diría que rayaba en la dependencia emocional. Nos necesitábamos, todo iba bien con tal de encontrar huecos en nuestras apretadas agendas. Un papel importante lo jugaban las actividades extraescolares de los niños, durante las cuales aprovechábamos para aliviarnos la aerofagia ocultos en cualquier rincón. Gracias a estos momentos de pasión respirábamos un aire nuevo, hasta nuestros cuerpos se volvían más ligeros y estilizados. Así empezamos a experimentar sentimientos renovados, follábamos con la ansiedad de no saber cuándo repetiríamos, cuándo volveríamos a vaciarnos. Nos brotaban emociones gastrointestinales que se encontraban en un común espacio de sonidos y olores, ventosidades que disfrutábamos con la alegría de la descarga compartida. Y así nos mantuvimos un tiempo, en equilibrio inestable, hasta que todo cambió. Ella comenzó una nueva etapa laboral que la obligaba a ausentarse semanas enteras, como si se vaporizara. Durante esas semanas el cuerpo se me hinchaba de tal modo que notaba impulsos eléctricos en las extremidades. La autoestimulación erótica tampoco me aliviaba, necesitaba tener a Micaela físicamente, en cualquiera de sus estados: sólida, líquida o gaseosa. Te quiero, te quiero, te quiero, le decía en cada reencuentro, y un estruendo de pedorretas inundaba la parte trasera de su monovolumen, en el que nos apareábamos los martes (mientras sus niñas recibían clases en una academia de baile). Y luego vuelta a esperar hasta una nueva escapada. Aunque intentase limitar el consumo de legumbres o de bebidas carbonatadas, era inevitable que en los períodos de ausencia se depositaran cúmulos gaseosos en los puntos más insospechados de mi cuerpo, tal era el deseo que me invadía. Eso me condujo a frecuentes cuadros de ansiedad que me veía obligado a controlar con tranquilizantes y con drogas. Todo empezó a deteriorarse. Un fin de semana que pudimos escaparnos a un hotel de la costa noté que sus pedos ya no sonaban igual. Tampoco el olor era el mismo. Creo que con los míos ocurría algo parecido, recuerdo que nos tuvimos que pasar el fin de semana yendo y viniendo de la cama al cuarto de baño. A partir de entonces los encuentros se espaciaron, así hasta que un día decidimos dejarlo. Es curioso pero, tras la separación, el funcionamiento de mis digestiones fue poco a poco regularizándose, desapareció la ansiedad y recobré el equilibrio con el universo. Ahora la serenidad ha vuelto a mis rutinas. Sentado en la puerta del bar, me tomo una cerveza mientras contemplo el mundo. Los eructos casi imperceptibles que se me escapan con cada trago siempre me recuerdan esta historia. Y me dejo llevar por los regüeldos.

Anuncios

9 pensamientos en “Regüeldos o Los estados de la materia

  1. Y seguramente cuentes esto y nadie te comprenda, es lo que tienen estas cosas, no había visto yo el tema de las flatulencias desde ese punto de vista tan romántico, ni veré las extraescolares de las crias igual.

Deja un comentario, qué te cuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s