Sor X

Hoy tengo el inmenso placer de ceder la palabra a una lectora. Me escribe contando que ha encontrado el blog de Nosoloimpulsos por pura casualidad, atraída por el título de una de las últimas entradas (Follar), aunque me advierte que no debo pensar mal, sobre todo teniendo en cuenta un dato fundamental: ella es monja. Por no alargarme demasiado, reproduciré únicamente la parte central de su misiva:

(…) Llevo una vida dulce. Hace ya unos cuantos años que vivo en este convento, unos diez o así, y a estas alturas ya no creo en dios ni nada (lo escribo con minúsculas, fíjate). Sin embargo no tengo la menor intención de marcharme. Por eso prefiero omitir datos de mi Congregación, y al mismo tiempo lo voy a decir bien claro: esto es un chollazo. Así que para no buscarme líos no quiero nombrar la ciudad en la que nos encontramos, ni mencionaré la Orden a la que pertenecemos (si es que pertenecemos a alguna, que tampoco eso está muy claro); tampoco voy a cometer la ingenuidad de dejar caer nombres de calles o de bares y meter la pata ya del todo. Aquí se vive bien. Nos dedicamos a hacer dulces y eso sí lo puedo decir sin temor a que me identifiquen, primero porque hay muchas monjas en el mundo que hacen dulces, y luego porque lo considero un dato crucial en mi existencia. Mi vida es bastante dulce, de hecho, no es nada conventual ni devota, al menos no como uno se imagina la vida monjil, pero es que nosotras no somos unas monjas convencionales, sencillamente nos los montamos bien. Unos días voy con los hábitos de monja y otros puedo salir por ahí con minifalda y taconazo, para que te hagas una idea. Como dato curioso, tengo varios tatuajes  (en la espalda, en el brazo izquierdo y en una teta). Aquí somos muy liberales, por no decir libertinas. Y no hay ningún problema, al contrario. Cada una se organiza como puede. Yo soy un poco desastre, desde luego, no soy un buen ejemplo para la comunidad. Siempre he llevado una vida desordenada y licenciosa. La Superiora (la Supe, como la conocemos) tampoco pone trabas, al revés: es tan humana. Yo la admiro mucho, qué mujer, qué carisma… Con ella cuesta muy poco cumplir el voto de obediencia: nunca ordena nada. De los otros votos mejor no hablar. El de castidad, por ejemplo, nadie lo respeta, solo las mayores, y porque no les queda otra. La Supe, aunque ya tiene unos añitos, se conserva muy bien, es de las mías. Por eso digo que mi vida es tan dulce, y no hace falta que dé más detalles o terminaríamos cayendo demasiado pronto en los tópicos.

El convento me permite llevar una vida relajada, eso es lo bueno. Me levanto a la hora que me da la gana. Depende mucho de lo que haya hecho la noche anterior, de si he dormido dentro o si me he quedado por ahí en casa de alguien, que yo soy de a las que le da igual ocho que ochenta, te adelanto. Eso sí, mis labores las cumplo como la que más: que toca trabajar en el huerto, allí que voy de mil amores; que toca hacer unas yemas o unos tocinos de cielo, pues nos juntamos las más trasnochadoras, las de las vísperas, como nos autodenominamos en plan de coña. Además los dulces nos salen mejores, demostrado. Me encanta currar en el obrador, y el buen ambiente que se respira allí, aunque reconozco que las hermanas tienen un peligro tremendo, en concreto las del grupo de las vísperas. Siempre hay una botella de algo cerca y a mí eso me pierde. Tampoco pienses que soy muy de grupitos, soy más de ir por libre y, a pesar de eso, me llevo bien con todas, a mi manera. Últimamente, por ejemplo, me ha dado por madrugar, y me levanto al alba. No todos los días, claro está, que a mí las noches de los jueves no me las quita nadie. Pero el resto de la semana me he vuelto más diurna. Será que me estoy haciendo mayor o más responsable. Me coloco los cascos y salgo a correr por las mañanas temprano. No es que me guste, pero me despeja, y el resto del día me siento mejor. Antes, de jovencilla, ni loca: ¿salir a correr yo? Por otro lado, era muy activa y, en cierto modo, estaba más en forma. En mi época de novicia me podía pasar una noche entera bailando. Pero claro, también es verdad que me metía de todo. Porque en el convento siempre hemos tenido mucha facilidad para conseguir cualquier tipo de sustancia, la economía del trueque funciona muy bien con nosotras y hay algunos clientes que no tienen mejor forma de pagarnos. ¿Y qué vas a hacer? ¿Los vas a dejar tirados, sin sus cajitas de dulces? Pues claro que no. Somos todas muy humanas, es lo que nos pasa, parece que estamos hechas a imagen y semejanza de nuestra Supe.

Otra cosa que mola es salir vestida de monja. Yo no lo hago mucho, porque a mí ese rollo me va más bien poco, pero de vez en cuando viene bien para pasar desapercibida en ciertos sitios o para que te abran algunas puertas. Soy una buena negociadora y tengo mucha labia, sin embargo no suelen encargarme visitas ni trabajos de este tipo porque también soy un desastre y, hasta cierto punto, imprevisible.  A veces me ha ocurrido que alguien me ha reconocido. No es que yo oculte por las noches mi condición de monja a los maromos que conozco, simplemente es que no se lo creen, se piensan que les estoy vacilando. Pues no te lo creas, tanto me da, les digo. Luego, al otro día, te ven vestida de monja y te miran con cara de que se les ha aparecido la virgen. Ahí es donde suelo dejarlos descolocados y si hay que negociar algo voy dos pasos por delante. Así me he sacado subvenciones, concesiones, retribuciones, acciones, donaciones, peticiones de mano, jajaja… Tengo que reírme, los hombres a veces son tan simples.

No todo es siempre así, desde luego, tenemos nuestras pequeñas rencillas, pero como en cualquier parte. Lo que veo claro es que no cambiaría esta vida por nada, y menos ahora, como están las cosas. Ves a la gente rebuscando en las basuras, los negocios que cierran, los desahucios… qué horror. Nosotras, en cambio, no sufrimos la crisis, esto es un chollazo, ya te digo, y por eso siento la necesidad de compartirlo con el mundo, no por alardear, sino porque guardarse esta alegría para una sola me parece un acto de profundo egoísmo, y ya está bien. Aunque yo no sea caritativa, piadosa ni creyente, tampoco voy a reservarme todo para mí. Es un placer comunicar a la gente que hay otra manera de montárselo y esta, sin duda, es una de las mejores. Aquí no damos peces: enseñamos a pescar. En temas económicos somos de sobra autosuficientes, y algunas nos ganamos un sobresueldo trapicheando, que nunca viene mal, si te gusta marcarte ciertos lujos. No nos falta de nada en el convento, lo único que quizá echamos de menos es un poco de espacio para poder acoger a más hermanas. Últimamente se está corriendo la voz y cada vez salen más candidatas a hacer el noviciado en nuestra Congregación. Cuando se enteran de que aquí no hay que rezar y de que te lo montas más o menos como quieres con tal de no echarle demasiado morro y contribuir un poco con la causa, se mueren por unirse a nosotras. Y es que en el convento no se vive nada mal. Las celdas, por ejemplo, molan muchísimo. Son individuales, climatizadas, con conexión wifi, TV vía satélite, baño privado con bidet… para qué seguir, mejor andarse con un poco de tacto en estos difíciles tiempos. No es que vivamos rodeadas de lujo, pero nos apañamos bien. Cada una le da un toque personal a su celda y en esto tengo que decir que la mía es una de las más acogedoras, a veces pienso que demasiado, que muchas tardes tengo que acabar echando a las hermanas porque les encanta venirse a escuchar música y a fumar porros, y no me dejan escribir, que es otra afición que tengo ahora. Sí, porque este convento también te permite dar salida a tus aficiones, y aquí la más tonta hace relojes.

Somos muy creativas, es verdad, organizamos fiestas, talleres, charlas, conciertos, ciclos de cine… seguimos una línea alternativa, nos preocupa dotar de contenido cultural a nuestras rutinas, no queremos limitarnos a elaborar dulces artesanos, en ese sentido estamos muy conectadas con el barrio, por eso nos conocen, nos quieren, nos respetan y, lo más importante, los vecinos participan en nuestras propuestas, se implican y, al final, terminan dejando donativos, comprando nuestros productos o incluso se convierten en distribuidores. ¿Y cuál es el secreto de este buen funcionamiento? Para mí lo primero es un buen casting. Aquí no entra cualquiera, ni aunque venga con recomendaciones o con una dote espectacular. A nosotras nos tienen que convencer. No nos vale cualquier desinformada que pretenda ingresar en la Orden para dedicarse a la vida contemplativa o a la oración. Para eso están las Hermanitas Descalzas, les decimos. Luego sometemos a las novicias a un período de pruebas más que suficiente para saber si van a encajar bien con nuestra forma de vida, entre otras cuestiones nos encargamos de quitarles los prejuicios con que muchas veces se acercan a nuestra comunidad. Tampoco nos tiembla el pulso a la hora de echar a las que no nos gustan, aunque lo más habitual es que se marchen ellas antes. Una buena dote siempre ayuda a decidir, desde luego, pero la que no se adapta no se adapta.

Claro que no es este el único secreto. Lo mejor, lo que nos hace diferentes, lo que da ese especial carisma a nuestra Congregación es que vamos cada una a nuestra bola y pasamos mucho de la religión y de esas pamplinas. No es que seamos todas ateas, no es eso, hay alguna que cree en dios o en el ángel de la guarda, el caso es que pasamos mucho de oraciones, misas, cánticos y rollos eclesiásticos. Aquí con arrimar el hombro y llevarnos bien ya es bastante, y todo gracias a nuestra Supe, que es una mujer de quitarse el velo y se tiene camelada a las altas jerarquías. Yo no sé como lo hace, pero con nosotras no se mete nadie. Y que lo intenten. Les ponemos el barrio en pie de guerra antes que canta un gallo. ¿Y no es una contradicción –te preguntarás– llevar esta vida, ser una monja agnóstica, materialista e incluso viciosa? Pues a lo mejor, no voy a decir que no, pero ¿quién no vive en una contradicción? ¿Los matrimonios? ¿Los políticos? ¿Los banqueros? No me hagas reír…

Ahora me ha dado por escribir, es la cosa. Esta noche me he quedado en el convento y después de cenar me he encerrado aquí en mi celda, no he querido salir ni nada, y eso que tengo a un pimpollo que no para de mandarme whatssaps invitándome a no sé qué de una inauguración. No me apetece, la verdad, prefiero quedarme aquí, tengo ganas de escribir. También estoy pensando que con las cosas que se me ocurren… no sé… igual me animo y publico algo, por ejemplo un blog de esos, aprovechando que ahora están pasados de moda. No sé… me lo estoy planteando y también te escribo por ese motivo. ¿Tú qué me recomiendas? ¿Crees que mi vida puede interesar a alguien?

Sor X

Sor X

Antes de despedirse me cuenta algunas peculiares rutinas más y me concede permiso para publicar su misiva. Finalmente firma como sor X. Ya le he respondido en privado, pero también quiero hacer público mi total apoyo a su causa y a su forma de vida. Ánimo, sor X, sigue escribiendo, Internet necesita personas como tú.

Anuncios

8 pensamientos en “Sor X

Deja un comentario, qué te cuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s