Vivía sola con un loro

Vivía sola con un loro. O más bien creo que era una cotorra. Lo digo por los colores, y también por su locuacidad, que es que no paraba. De hecho, no nos dejó tranquilos ni un momento, interrumpía continuamente nuestra conversación. Debe de ser difícil convivir con una cotorra. O es que quizá se empezó a alterar desde que entramos en su salón. Al principio daba paseos arriba y abajo, atrapando objetos y soltándolos en cualquier parte. Parecía sobreexcitada. Luego ya se puso a hablar e incluso a lanzar graznidos estridentes. Me ponía de los nervios, fue ella la que me provocó, lo juro, acabó colmando mi paciencia y tuve que gritarle a la cara: ¡Puta cotorra! ¿Me quieres dejar en paz, que estoy intentando charlar con el loro?

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