Extintos y paleontólogos

Para acotarme de nuevo entre los límites de la existencia, para subastarme, para no pensar en quién me allana el camino cuando sabemos ya de sobras que los caminos están sobrevalorados, para todo ello decido renunciar al lodo, decido recular y recalcular, obstruirme y estancarme, mi evolución ha concluido, no seguiré adaptándome a los tiempos, he perdido las trazas y las hechuras, no estoy ni para reciclarme, me desmorono, asisto impertérrito a mi descomposición pública, igual que las especies que se van extinguiendo en silencio. No hay soledad peor que la del único miembro de una especie extinta, tu especie amenazada, que es como decir perdida y olvidada.

Lo bueno de extinguirse es que los vecinos, de pronto, dejan de preguntar por ti. Cuando la especie a la que perteneces se encuentra amenazada, y cuando definitivamente desapareces, no solo tú, todos los de tu especie, pasan automáticamente al olvido, solo unos pocos paleontólogos se interesarán por reconstruir tu pasado, pero da igual, los paleontólogos en realidad nunca te amarán como si fueran de tu misma especie, siempre pensarán que eras un ser menos evolucionado y primitivo, nunca llegarán a comprender los entresijos de tu dudosa existencia, apenas te intuirán en medio de una civilización que nunca supo el rumbo que llevaba, una civilización desconcertante llena de seres con los que no te identificabas.

Es fácil acotar la existencia en límites precisos, pero eso no quiere decir nada, porque los límites solo definen el marco y aquí ya no estamos para marcos. Buscamos en el camino (sobrevalorado), buscamos y encontramos lo que no esperábamos, encontramos el lastre agudo de haber aparcado el amor en tristes quejas, quejas de amor, atribuladas e indefensas, como las rosas que se cierran o las especies que se extinguen, solas, rotundamente solas y reculadas, desastrosas en la ejecución y el desencanto, agredidas por una existencia regalada que no supo nunca ir más allá de donde señalaban los vientos contrarios, porque a veces la libertad pende de un hilo que nadie sigue, y porque los verdaderos destrozos de los que no saben, las únicas atrocidades perpetradas por las almas desviadas se asoman apenas al balcón de la desdicha, y aun así, sabiendo que nada merece la pena, vemos caer la noche apática, pasar los días, en un vergonzoso silencio que no nos decidimos a romper.

Y cuando todos los castillos del aire se vuelvan ruinas, por falta de uso, cuando todas las violeteras lloren juntas la pérdida del amor indivisible, cuando los hermanos musulmanes se sumen al aliño de huevas, como un ingrediente más, entonces sabremos que la castidad es mucho peor que la cantidad, sabremos por qué los santos siempre empiezan por ser raros y terminan beatificados en apenas un ratito de gloria que no habían previsto en sus castos inicios entre oración y oración.

En medio de este espanto litúrgico que nos amenaza, desde la fila de atrás, como una presencia inquietante e insultante a partes iguales, llegaremos los extintos a traer la verdad despojada que nadie quiso ver, los extintos que supimos perdurar en un mensaje último que imprimimos en nuestras osamentas, en medio de todos los que se fueron, o nos dieron la espalda. Allí quedarán los vestigios reservados a los más osados, a los verdaderos amantes, a quienes aprendieron a sentir el calor de las llamas que se apagaron, paleontólogos que no supieron qué hacer con su vida, y la encontraron donde ya no la había.

Nuestro último mensaje, concretamente el mío, será una mueca apenas transida de suplicios que recabará las intrigas de una generación futura llena de nuevos códigos mucho más elaborados. El último mensaje que dejaré en el mundo será quizá tan falso como el acantilado donde se arrojan los desperdicios, un mensaje en clave de cemento armado, tan falso como nosotros, los extintos, que tratamos inútilmente de engañar a nuestros paleontólogos.

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5 pensamientos en “Extintos y paleontólogos

  1. ¡Muy buenas amigo Elev!
    Me ha recordado la entrada un aforismo juanramoniano:
    “¿Vamos al porvenir o él viene a nosotros?
    En todo caso, el porvenir nunca llega a nosotros o nosotros nunca llegamos a él
    ¡Qué enorme espacio nuestro en medio! ¡Y qué pequeño el presente!
    Tiempo es inmanente esperanza abstracta “

  2. Gracias amigos por no echarme de más!
    Pues sí….he soñado mi vida y he vivido mi sueño, pero lo definitivo verdadero no es sino lo provisional exacto. Y sobre todo mis dos armas son el tiempo y el silencio.
    .

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