Las ansias de tu botonadura

No fui yo quien descubrió las ansias de tu botonadura, ni quien amenazó tus constantes vitales con la resignación de los corredores vencidos, solo te suspiré desde el otro lado imaginando la mente oscura que te aprisionaba.

No fueron mis manos las que te presintieron, ni tus piernas me hablaron del camino indirecto, siempre te he buscado en la llanura inmensa de los calendarios mientras en silencio sigo desabotonándote.

Te traigo una vez más las huellas que no has pisado, para que sigas creyendo que en el reverso de tus anhelos duermen las dichas junto a los temores. He venido a abrirte las crisálidas, a dibujarte el rostro mientras gimes y a congratularme por haberte encontrado en una copa vacía.

Nadie te lamerá más despacio que yo, nadie te apagará el brillo en la mirada, no romperé el contacto de tus labios ni dejaré caer una gota de sueño sin que abraces mi recuerdo.

Instruido en el arte de colmarte, regresaré cada segundo a tu memoria a ser solo una parte de tu aliento. Te obsequiaré con el tiempo detenido y cubriré tu deseo con un impulso íntimo capaz de recorrerte hasta el olvido.

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2 pensamientos en “Las ansias de tu botonadura

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