Prima de riesgo

No la veía desde que ella tenía doce años o así, y una tarde apareció con la edad duplicada y sin avisar. Dijo que venía solo de paso, dispuesta a renovarse, necesitaba unos días de tranquilidad. La dejé apoderarse de mi atención casi sin oponer resistencia, ese fue el origen de todo lo que vino después.

—Me han hablado mucho de ti —le dije—. Estás por toda Europa, ¿verdad?
—Te han hablado mal de mí, seguro.

Me contó que había sufrido desde pequeña demasiadas presiones. Describió con la respiración algo agitada el peso que se sobrelleva cuando la confianza que inspiras anda en boca de todo el mundo. La escuché casi como si la estuviera descubriendo (en realidad, la estaba descubriendo). Era mi prima más joven, al menos que se supiera, y llevábamos tiempo sin encontrarnos, yo hacía años que no acudía a eventos familiares de ningún tipo. Ni a las bodas civiles siquiera.

Le ofrecí un té. Ya me había dado cuenta nada más verla: a esta tía seguro que le van las infusiones. En previsión de ciertas coyunturas, le advertí también que mi compañera llegaría de un momento a otro. No pareció importarle. Más bien se sobreestimuló, asentada ya en su pose de niña mala, se acomodó descalza y encaramada al sofá. Así se fue aproximando a mí, ofreciéndome a ráfagas sus olores, y abriendo cada vez más los ojos al hablarme. Yo entornaba los míos, por si acaso. Y mi compañera, que no llegaba.

Los lazos sanguíneos siempre me la han traído floja, aunque quizá no sea la expresión más apropiada para este momento, porque la proximidad de mi prima me levantaba el deseo a la vez que ella iba dando pequeños sorbos a su vaso de té. Con el té siempre ocurre lo mismo: se empiezan dando sorbos temerosos y se acaba uno bebiendo el culo de una vez antes de que se enfríe. ¿Me ocurriría lo mismo con ella?

—Puedes quedarte el tiempo que quieras, a mi compañera no le va a importar.
—Gracias, lo necesito. Pero tranquilo, que no me excederé, no puedo vivir mucho tiempo en un mismo sitio. Necesito moverme, ir de un lado para otro, odio estar quieta.
—Ya sé que te gusta la aventura. Todos los sabemos. Eres una prima de riesgo.
—Es verdad, pero estoy sobrevalorada, ese es el problema.

Me siguió hablando de las presiones familiares, de las obsesiones de los demás, de cómo acabó largándose con un napolitano, de la pasión y del olvido, del amor y de la indiferencia. Las primas de riesgos son así, aleatorias y algo contradictorias. Yo sabía perfectamente cuál era el sobreprecio que tendría que pagar para evitar la amenaza de tenerla tan cerca. En cambio ella no parecía entender de precios. Acababa de llegar asqueada de Alemania:

—Vengo asqueada —me dijo.

Como si todo le diera lo mismo, se me puso en bragas en pleno salón con la excusa de darse una ducha. Permanecí unos segundos valorando su belleza, en plan agencia de calificación, recordándola de niña, estudiando los pronósticos inciertos de una relación eventual con intereses a su favor, sopesando las amenazas que vendrían después… A pesar de todo, se me caían los avales mirándole el culo y esos pechos juguetones que bailaban en el desconcierto de la luz de la tarde. Y mi compañera sin aparecer.

Fijé a corto plazo el momento de su salida de la ducha como el más adecuado para iniciar la transacción definitiva. Con el cabello mojado y oliendo a magnolia, me pareció aún más irresistible, hallé con entusiasmo en su insolente demanda de atención la solución inmediata a mi déficit afectivo. Sin embargo, y para mi sorpresa, las primeras aproximaciones encontraron una respuesta más bien esquiva.

Había sido un error de cálculo por mi parte, estaba claro, un error de analista principiante: ella se había duchado y yo no, y justo en el contexto de este tipo de intercambios la higiene adecuada se valora al alza.

Cuando definitivamente mi compañera entró en casa, yo estaba todavía metido en la ducha. Mi prima, por su lado,  ya había empezado a deshacer la mochila para instalarse.

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9 pensamientos en “Prima de riesgo

  1. Hola Elev!!
    Bueno…bueno…yo creo que “la prima” no es de tanto riesgo como “la quarta”.
    Alguna frase latina nos decía:”Prima cratera ad sitim pertinet,secunda ad hilaritatem,tertia ad voluptatem,quarta ad insaniam”.

  2. Amiga Anónima, ¿te ha dado por bailar sevillanas?
    Estimada Luna, entre el amor y el té existen demasiadas coincidencias como para pasarlas por alto. Si por ejemplo quieres hacerlos bien, ambos requieren toda una ceremonia.

    • Así es, Mr. ElevaLunas. Al igual que el té, en función del tiempo de preparación y reposo tendrá un efecto más o menos estimulante.

  3. Señorita Luna, en estos momentos me siento sobradamente estimulado. ¿Sabía usted que la caída del chorro es un aspecto crucial en esta ceremonia? Hay que darle suficiente distancia para que se desprendan todos los aromas. Yo particularmente siempre tengo en cuenta ese tipo de detalles.

  4. Qué maravillosa la ceremonia del té amiga Luna y amigo Elev.
    Dice el maestro Shukó que dicha ceremonia es el marco ideal donde el hombre puede y debe abrir su corazón.Transfórmate en amo de tus deseos;no dejes que los deseos se transformen en tu amo;el corazón no debe ser atraído por lo externo sino por lo interno:hay que captar la belleza de lo simple y sencillo.
    El asunto es que dicho acto debe realizarse de la manera más perfecta, más educada, más graciosa y más encantadora posible.

    • Y si encima la persona amada forma parte de la ceremonia, amiga Anónima, ésta se convierte en una experiencia absolutamente mágica. Eternamente elevada.

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