El jardín soñado

Horacio desayunaba a la sombra de la acacia junto a la piscina mientras contemplaba el culo de su novia. Una brisa ligera le decía al oído que aquello era bueno. La fachada principal había quedado impecable, además los jardineros se habían esmerado en sus últimos trabajos, habían conseguido darle al jardín el aire romántico que una vez soñó. Cuando tuvo aquel sueño acababa de conocerla y ahora ella le paseaba el culo por el jardín en un contoneo casi malicioso. Horacio sintió que aquello era bueno.

Pero lo mejor de todo era el superbonus millonario que le habían aprobado en la última junta de accionistas.

—Todo irá bien —pensó— mientras no me dé por soñar con un jardín lleno de culos.

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