Los jóvenes renacentistas

se enamoraban con una dulzura extremadamente elegante, disfrutaban de una existencia rubricada en extenuaciones tímbricas y perfumadas, sutilmente transformados

buelto en ti, russeñol blando i lloroso

y también las jóvenes adiestraban las maneras de la ternura en la contemplación gozosa

viérades, si en el mundo se os mostrara
cuanto de vos dentro del alma escribo

encadenaban ruegos como cristales nacidos de la esencia perfecta, hasta llegar al límite inalcanzable del sublime sofoco

otra vez esplendores, caloroso

vaciaban sus sentires en lamentos que viajaban con el frío viento de la separación, el mismo viento que lleva los sueños al país de los secretos, el mismo candor entreabierto de la epístola que  hace rodar las lágrimas como fetiches que se descubren en un sobresalto

oh dulces prendas por mi mal halladas

y traían las inquietudes en las formas ocultas del ropaje, discretamente armados aunque pulcros, siempre ansiosos de velar la dicha

y a más seguro puerto enderezarse,
do puedan con sus naves despalmadas
en la tormenta deste mar salvarse.

Ay, estos jóvenes.

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