Las romerías cotidianas

Las romerías cotidianas empiezan a convertirse en lo que verdaderamente son: una reunión de muslos apretados al contraluz, que se desviven por aparentar las caricias que no puntúan y las miradas alargadas. Nunca sabremos comprender del todo, aunque se nos erice el vello y la voluntad se nos diluya en los labios entreabiertos; no sabremos curarnos de las tardes perdidas en simples regocijos. No sabremos quién manda. Ni quién nos domina.

Sabremos al menos que el formato elegido no es el adecuado, que estamos diseñando extrañamente los recuerdos, que los contactos indirectos no son verdaderos contactos. Y daremos las gracias por nuestras adicciones.

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