Punto de fuga

Ni cálido ni rebosante, con la certeza de los momentos planos, ignorando el hervor de los cariacontecidos y con la calle a cuestas, divagando. Dejad que los adoquines guarden el secreto de las pisadas furtivas, y se os devolverá el favor con soliloquios nocturnos que concluyan en el punto de fuga, tan infinito como necesario, un punto de fuga donde dos muslos me acogen marcándome un destino en el que apenas creo.

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