Fenómenos auditivos

Aún sin sacudirme la grata impresión tras la actuación del quinteto escandinavo Atomic, se me viene a los intestinos el chiflido de una lejana banda de proxenetas y mamones (también son conocidos como cornetas y cabrones, trompetas y soplones, chufletas y tontones…) que, puntuales a su cita de cada año, organizan para martirio de los espectadores que se congregan cada mes de septiembre junto a los jardines de la Cartuja sevillana a disfrutar de un evento cultural que va cobrando fuerza año tras año, a pesar de los malos tiempos que corren para este tipo de iniciativas (¡y con entrada libre!). ¿Es que esta panda de soplones que viene a situarse justamente en los exteriores del recinto no puede esperarse un par de semanitas o irse a otra parte? ¿No queda mucho aún para la primavera? Qué ciudad, coño, hay cosas que son intocables (contra todo sentido común).

Para saber de lo que hablamos, veamos el siguiente documento:

Pues bien, en contra de lo que pueda parecer tras el visionado, estos cinco músicos noruegos y suecos llegaban a construir momentos de extraordinaria concentración plagados de silencios que la insufrible banda de chufletas se encargaba de reventar, a pesar de la relativa distancia y los muros que nos separaban, a base de pitidos lejanos capaces de romper el hechizo de la reina mora y la luna lunera. ¿Hasta cuándo tendremos que soportar a estos seres de válvulas cornetiles y membranas percutidas que desvirtúan nuestros atardeceres y la placidez de las primeras horas de la noche?

Mírenles

Hay que decir que los escandinavos aguantaron el tipo con absoluta profesionalidad, y continuaron su concierto como si nada extraño oyesen, como si en las estrechas calles de Oslo (por poner) fuera lo más normal del mundo encontrarse a una cuadrilla de jóvenes y rubios noruegos portando acompasademente un armatoste de madera al ritmo de los tambores y los pitos. Pero nadie les habrá explicado que en esta ciudad hay unos cuantos que joden al resto de la población el año entero a cornetazo limpio, preparando una cosa que dura una semana y, en cambio, se prohíbe la música de forma arbitraria en determinados locales de ocio que, en realidad, no molestan a nadie.

Por cierto, muy simpáticos estos escandinavos.

Sam Palmao con Atomic

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